Charles Darwin dedicaba aproximadamente cuatro horas diarias al estudio concentrado y solía declarar al mediodía: "He hecho un buen trabajo". El resto del tiempo lo dedicaba a caminar, descansar, leer y responder cartas; aun así, publicó más de 20 libros, entre ellos una de las obras más influyentes de la historia de la ciencia
La rutina de Charles Darwin cuestiona la idea de que la productividad depende de trabajar sin pausa.