Por qué Groenlandia no puede ser vendida a Estados Unidos
El interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en adquirir Groenlandia enfrenta un obstáculo clave: Dinamarca no puede vender este territorio autónomo.
Cualquier eventual operación sólo sería posible si la isla se convierte antes en un Estado independiente, un proceso largo que requiere negociación bilateral y un referendo.
«Mientras Groenlandia forme parte de la Mancomunidad del Reino de Dinamarca, junto a Dinamarca y las Islas Feroe, no se puede vender. Nadie tiene competencias para hacerlo», explica Frederik Harhoff, catedrático emérito de Derecho Internacional de la Universidad del Sur de Dinamarca.
Diplomacia primero, pero con presión
La Casa Blanca ha insistido en que la vía diplomática es la primera opción de Trump para controlar Groenlandia, territorio que considera estratégico para la seguridad nacional estadounidense, aunque sin descartar una acción militar.
En ese contexto, el secretario de Estado Marco Rubio tiene previsto reunirse la próxima semana con su homólogo danés, Lars Løkke Rasmussen, y con la consejera de la Cancillería groenlandesa, Vivian Motzfeldt, para abordar la cuestión.
Frederik Harhoff considera «embarazoso» que miembros del Gobierno estadounidense muestren «ignorancia» sobre la realidad jurídica del Reino danés al hablar de una compra imposible en el marco legal actual.
«Si Estados Unidos presenta una oferta, Dinamarca sólo puede responder que no tiene competencia, y Groenlandia tampoco puede vender su país; a lo sumo, podría iniciar un proceso de independencia», subraya.
Un camino largo hacia la independencia
El primer Estatuto de Autonomía de Groenlandia, aprobado en 1979, ya reconocía su condición especial dentro del reino y abrió el traspaso progresivo de competencias.
El nuevo estatuto, aprobado en 2009, fue más allá al reconocer en su primer artículo que «el pueblo groenlandés es un pueblo conforme al derecho internacional con derecho a la autodeterminación».
El artículo 21 establece el procedimiento para una eventual independencia, un proceso que Harhoff estima podría tardar «varios años». De activarse, los gobiernos de Dinamarca y Groenlandia deberían iniciar negociaciones antes de someter la cuestión a referendo, una etapa técnica que podría extenderse al menos dos años.
Uno de los principales obstáculos sería acordar el fin de la ayuda anual de Copenhague a Nuuk, que asciende a unos 4.000 millones de coronas danesas (aproximadamente 621 millones de dolares). Sumadas otras transferencias en áreas como sanidad, defensa, infraestructuras, policía y justicia, estas partidas representan cerca de la mitad del presupuesto anual groenlandés.
Tras un eventual acuerdo, se realizaría una consulta popular y la ratificación parlamentaria, tras lo cual Groenlandia, ya como Estado independiente, podría evaluar una oferta de Washington, aunque Harhoff advierte que: «independientemente de la cantidad que Estados Unidos pueda ofrecer, no creo que pueda compararse con lo que Groenlandia ya tiene en el marco actual».
Rechazo a EE.UU. y soberanía reconocida
Según estudios recientes, la mayoría de los groenlandeses apoya la independencia, pero no a costa de perder su nivel de vida, y rechaza formar parte de Estados Unidos.
Las declaraciones del jefe adjunto de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien afirmó que Dinamarca no tiene derecho a controlar Groenlandia y la calificó de «colonia», provocaron perplejidad en el país nórdico, donde recuerdan que la isla dejó de tener ese estatus hace siete décadas, que la soberanía danesa fue reconocida por Estados Unidos hace más de un siglo y que su integración plena al reino se remonta a un proceso iniciado tras tres siglos de presencia danesa.
El acuerdo de venta de las Islas Vírgenes a EE.UU. en 1916 incluye una cláusula en la que Washington reconoce los intereses políticos y económicos de Dinamarca sobre todo el territorio groenlandés, lo que equivale a un reconocimiento explícito de su soberanía.
Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la ONU elaboró la lista de territorios por descolonizar, Dinamarca consideró «humillante» que Groenlandia figurara en ella, lo que impulsó una reforma constitucional para integrar definitivamente la isla al reino danés.