«Sádico y monstruoso»: Veterinario abusaba a niños tras drogarlos con caramelos
Jon Ruben, un exveterinario británico de 76 años fue condenado este viernes a 23 años y diez meses de cárcel por abusar de niños durante campamentos de verano, sedándolos con caramelos que contenían sustancias tranquilizantes.
El sujeto dirigía dichas colonias junto a su esposa, y escuchó impasible la lectura de la sentencia en el tribunal de Leicester, tras admitir su culpabilidad por 18 delitos de agresión sexual y crueldad infantil cometidos sólo durante julio pasado contra menores de ocho a 11 años de edad.
Su esposa Susan —quien se encuentra en proceso de divorcio— lo describió como «un pederasta sádico y monstruoso» tras revelarse, durante el juicio, que ella misma fue drogada para no percatarse de los abusos en los dormitorios.
El criminal llevaba 27 años organizando campamentos, y solo fue detenido cuando ocho niños y un adulto se enfermaron en la casa de colonias en Stathern, en el condado de Leicestershire.
76-year-old Jon Ruben has been jailed for sexually abusing young boys at a summer camp in Leicestershire, after lacing sweets with tranquilisers.@KNashTV reports from Leicester Crown Court, where Ruben was sentenced to more than 23 years in prison. pic.twitter.com/8IKAq5Yv8S
— Channel 5 News (@5_News) February 6, 2026
La Fiscalía explicó que el imputado organizaba un juego antes de dormir y pedía a los menores comer la mayor cantidad posible de caramelos con Temazepam, para luego abusar de ellos, confiando en que los niños no recordarían los abusos. Utilizó, pues, sus conocimientos como veterinario para obtener los tranquilizantes de forma ilegal por internet.
Ruben se escudaba también en su cristianismo para aparentar una imagen respetable y atraer niños al campamento.
La defensa sostuvo que el acusado sufrió abusos de pequeño y presentaba un trastorno de la personalidad o algún tipo de neurodivergencia que, si bien no excusaba sus actos, podía explicar en parte su comportamiento.
Al emitir la sentencia, el juez Timothy Spencer reconoció como atenuantes que el acusado no tenía antecedentes, y su admisión de culpabilidad, pero enfatizó que su tendencia a asumir riesgos lo convertía en un peligro público.